Durante la etapa de apogeo de Walt Disney Productions y de la unidad de animación de Warner Bros., otras compañías buscan sin tregua nuevos talentos para competir en el mercado cinematográfico. William Hanna y Joseph Barbera, dos experimentados dibujantes de cómics, son contratados por la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) en 1937.
Tras experimentar con varios formatos, Hanna y Barbera presentan en 1940 el resultado final de sus diseños, un gato y un ratón en constante enfrentamiento: Tom y Jerry. El éxito es inmediato, pero los dos socios, con una buena dosis de ambición, deciden en 1957 abandonar la protección de la MGM y forman su el estudio que llevará su propio nombre. Es la época en que la televisión se consolida como medio de entretenimiento, así que ante ellos se abre un nuevo panorama creativo.
Poco tiempo después, Hanna-Barbera casi monopoliza la creación de teleseries con un sistema ampliamente descentralizado, con animadores que colaboran desde otros países, como España. Muchos personajes surgirán de esta factoría, destacando entre ellos los Picapiedra, el oso Yogui, Leoncio y Tristón, Don Gato, Maguila Gorila y Pepepótamo.
Walt Disney ha de soportar en 1941 una huelga de animadores que supone la huida de varios de sus mejores dibujantes, entre ellos Stephen Bosustow, uno de los creadores de la nueva compañía United Productions of America (UPA), que funciona desde 1943. Bosustow prefiere un tipo de dibujo esquemático, muy caricaturesco, expresivo y muy alejado de los parámetros realistas tan apreciados por Disney y quienes le siguen siendo fieles.
A partir de los años setenta, las grandes compañías editoras de cómics estadounidenses entran en el mercado televisivo para comercializar sus creaciones en forma de dibujo animado.
Una empresa norteamericana, Filmation, es la encargada de producir teleseries protagonizadas por Flash Gordon, Tarzán, el Zorro, Batman y Robin, entre otros. Con la misma filosofía comercial, grandes empresas jugueteras como Mattel producirán series que, en realidad, son un vehículo promocional para ciertos productos de entretenimiento infantil. No obstante, la necesidad de nuevos materiales para la industria televisiva motivará la reutilización de productos clásicos.
La mercadotecnia del dibujo animado incluye juguetes, publicaciones en papel (cómics, libros, álbumes didácticos, etc.), juegos de ordenador e incluso franquicias en el sector de la alimentación. Al margen de la elaboración de teleseries y largometrajes destinados a la gran pantalla o el mercado videográfico, los animadores cuentan con otro campo de trabajo en la publicidad, para la cual es muy común la realización de animaciones en papel, con muñecos articulados y, en mayor medida, efectos digitales.
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